Y murió solo, como casi siempre estuvo. No porque tuviera sino porque así lo quiso. Y durante la ducha y bañado por el unico elemento que siempre lo acompañó, en formas coloidales y cristalinas que al contacto con su piel producian un cosquilleo apenas perceptible. Y en ese último suspiro se dió cuenta de todo el tiempo que había permanecido solo, de cuántas cosas quería contar, de cuántos momentos quería compartir. Pero ya el cuerpo no respondía y el conocimiento poco a poco se desvanecía por falta de sangre y oxígeno a su cerebro.
Y así pasaron muchos días y nadie en mucho tiempo se acordó y casi nadie lloró cuando encontraron el cadaver casi transparente y desnudo en la casa blanca de la calle 73…