La invención del “hot dog”

Mayo 9 de 2006  

Por: Fernando Durán Ayanegui

Soñé que una tarde de estas George Walker Bush, soberano de la federación a la que muchos tienen por heredara del Imperio Romano de Occidente, hizo concurrir a su despacho a doña Condolezza Rice, para preguntarle:

- Condo, tell me again, please, ¿por qué tenemos que invadir y ocupar Irán?

-Como ya te lo expliqué, tenemos que invadir Irán porque Irán es Persia.

-Y ¿qué tenemos contra Persia, Condo?

- Dear George, tenemos que vengar la derrota que los persas le infligieron a las tropas del Imperio…

-¿Nuestro Imperio?

-No, George, el Imperio Romano, del cual somos herederos. En el año 260, los persas, dirigidos por Sapor I, derrotaron a los romanos y capturaron al emperador Valeriano junto con miles de sus soldados y los obligaron a construir fuertes, carreteras y puentes militares.

-No entiendo. ¿Por qué los persas querían que los romanos, sus enemigos, mejoraran su infraestructura militar?

-No, querido George, los persas los obligaron a reforzar la infraestructura militar de ellos, los persas…

-Pero Valeriano y sus soldados eran romanos…

-Sin embargo, eran prisioneros de guerra.

La invención del hot dog

-¡Eso fue contrario a las leyes de la guerra!

-Pero, George, debes admitir que a aquellos romanos que cayeron prisioneros de los persas les fue mejor que a los prisioneros que encerramos en Guantánamo y en aquella cárcel de Bagdad y en Bulgaria y…

- Please, no me lo recuerdes… pero dime: ¿cuánto tiempo tuvo que trabajar Valeriano como un neg…, digo, como un esclavo para los persas?

-Hasta la muerte, porque su hijo prefirió sucederlo en el trono imperial antes que pagar el rescate exigido por los persas.

-Pero pudieron enviar una task force a rescatarlo…

-George, aquello era Persia, es decir, Irán, y no me digas que has olvidado cómo le fue a Jimmy Carter cuando envió una task force a rescatar a los rehenes de nuestra Embajada en Teherán.

- That’s true. Entonces sigamos adelante con nuestros planes de ocupar Turquía, digo, Persia.

-Muy bien, George, pero antes debemos arreglar otro asunto, el de los inmigrantes ilegales.

-Como tú quieras, Condo, entonces echamos a todos esos mexicanos al otro lado de la frontera y construimos una réplica del muro de Berlín de dos mil millas y…

-Alto, dear George, no es tan fácil. En primer lugar, no todos son mexicanos. ¿Quién va a convencer a nuestro amigo Fox ( Zorro in Spanish, beware) de que se haga el ruso cuando le enviemos medio millón de centroamericanos, cien mil bolivianos, un millón de vietnamitas y no sé cuántos miles de albaneses, búlgaros, rusos, argentinos, etcétera?

-Yo no sabía que tenemos refugiados de Etceteria…

-Vamos, George, ningún país se llama Etceteria. Lo que importa es que no nos conviene deshacernos de doce millones de indocumentados, si es que queremos contar con suficientes soldados para ocupar Irán, Venezuela, Corea del Norte, Cuba, Bolivia y Sudán. ¿Dónde vamos a reclutarlos si no es entre los inmigrantes?

-Pero ¿es que no hay en Miami suficientes cubanos para ocupar Cuba? ¿Y no podemos seguir reclutando afroamericanos para llevar a cabo todas esas invasiones?

-Por Dios, George, los cubanos son muy prósperos y pueden pagar la educación de sus hijos sin tener que meterlos en las fuerzas armadas y, en cuanto a los afroamericanos, la NFL, la ABA y la MLB los necesitan sanos. Si no es por los hijos de los ilegales, no vamos a tener de dónde reclutar voluntarios, a no ser que lo hagamos directamente en Latinoamérica.

-Eso tendría la ventaja de que ellos hablan latín, la lengua de Roma…

-Bueno, nos es exactamente así, pero es mejor reclutar entre los que ya están dentro, quienes seguramente estarán dispuestos a prestarnos a sus hijos para que los enviemos a combatir.

-¿Por qué dices eso, querida Condo? Ellos también aman a sus hijos…

-Lo digo porque ellos no pueden contar con la Guardia Nacional y algo sé de historia. En el año 376 de nuestra era, un cuarto de millón de visigodos que huían de los ostrogodos, y estos a su vez de los hunos, se morían de hambre mientras le pedían a Roma que les permitiera atravesar el Danubio y refugiarse en territorio imperial. La autorización romana tardó mucho y el hambre hizo que los visigodos vendieran a sus hijos como esclavos, a cambio de carne de perro, a razón de un perro por niño.

-Eso fue terrible, Condo. Además, si lo que me cuentas es cierto, el hot dog no es una invención americana.

-Lo que quiero decir, dear George, es que los visigodos, una vez admitidos en el Imperio, es decir, después de haber cruzado el río Bra…, perdón, el Danubio, se vengaron del maltrato que habían recibido de los romanos volviéndose contra ellos y dándoles, en el 378, en Adrianópolis, una paliza militar tan apabullante que muchos historiadores la tienen como el inicio de la caída del Imperio Romano de Occidente. Y ¿sabes qué, George Walker?: que el fin de ese Imperio tuvo lugar en el 476 cuando Odoacro, ¡un visigodo!, derrocó a Rómulo Augústulo, el último emperador de Roma. ¿Te imaginas a un mexicano derrocándote o ganando las próximas elecciones? Lo mejor, entiendo yo, es darles a esos 12 millones de inmigrantes ilegales la oportunidad de comer algo mejor que perros calientes y hacerlos sentirse a gusto en este lado del Danubio… digo, del río Bravo.

Tomado de Nacion.com, Mayo 7 de 2006.


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